Thommas Mann
miércoles, 21 de noviembre de 2007
Thommas Mann y Fernando
!Oh, encantadora belleza organica que no se compone ni de pintura al oleo, ni de piedra, sino de materia viva y corruptible, llena del secreto febril de la vida y de la podredumbre! !Mira la simetria maravillosa del edificio humano, los hombros y las caderas y los senos floridos a ambos lados del pecho, y las costillas alineadas por parejas y el ombligo en el centro, en la blandura del vientre, y el sexo oscuro entre los muslos! Mira lo omoplatos como se mueven bajo la piel sedosa de la espalda, y la columna vertebral que deciende hacia la doble lujuria fresca de las nalgas, y las grandes ramas de los vasos y de los nervios que pasan del tronco a las extremidades por las axilas, y como la estructura de los brazos corresponde a las de las piernas. !Oh, las dulces regiones de la juntura interior del codo y del tobillo, con su abundancia de delicadezas organicas bajo sus almohadillas de carne! !Que fiesta mas inmensa al acariciar esos lugares deliciosos del cuerpo humano! !Fiesta para morir luego sin un solo lamento! !Si, Dios mio, dejame sentir el olor de la piel de tu rotula, bajo la cual la ingeniosa capsula articular segrega su aceite resbaldizo! !Dejame tocar devotamente con mi boca <> que late en el fondo del muslo y que se divide, mas abajo, en las dos arterias de la tibia! !Dejame sentir la exhalacion de tu poros y palpar tu vello, imagen humana de agua y de albumina, destinada a la anatomia de la tumba, y dejame morir con mis labios pegados a los tuyos! [...]
Thommas Mann
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